lunes, 14 de abril de 2014

Un país peligroso.

por Hugo Bruschi en el Año de la Dignidad.

Desde el aire que respiramos hasta la seguridad inversora, pasando por la amabilidad de la gente y la tranquilidad que invitan a vivir en este país, han sido sólo algunos de los elogios que nos dispensan agencias, diarios, revistas y canales y seguramente hasta alguna estrella de la pantalla.Los que antes nos ignoraban, ahora nos glorifican y nos llenan de halagos. El cúmulo es tan grande, que resulta imposible recordar todos los galardones que nos llegan desde el exterior. A Bolivia-Ecuador y Venezuela - de Cuba ya no hablemos - les pasa todo lo contrario. Alguien se habrá preguntado porqué?

Pero sin embargo, todas estas maravillas a que nos hacen acreedores alegres y orgullosos, contrastan un poco con la visión que nos dan los políticos cuando se refieren a la Justicia. Unos diciendo que "se equivocan feo" otros hablando de "garrones" y otros desconocen la causa "por la que fueron procesados". Y esto es grave, casi alarmante diría yo. Pues póngase Ud. Amigo lector, en el lugar de alguien que seducido por todas estas virtudes señaladas más arriba, esté preparando sus valijas para venirse. Se radicaría Ud. en un país donde la justicia tiene muchos rostros y en donde la gente no sabe porqué va presa? Yo no le aconsejaría correr el riesgo, más cuando esto se asegura desde el mismo gobierno. Se sintiría Ud. seguro en un país con estas características? Yo nó. Entonces que es lo que está pasando, que señales le enviamos al resto de la Sociedad cuando el mundo político duda o teme de la justicia? Qué queda para nosotros? Necesitan acaso una justicia ajustada a sus intereses y de vista gorda? Una justicia que tolere lo que a otros le cuesta cárcel? Qué funciones tan riesgosas llevan adelante estos gobernantes, que el Sr. Mujica dice "que tienen una espada de Damocles sobre sus cabezas" que invitan a no hacer nada? Hubieron hombres como Enrique Erro, que fueron diputados, ministros y senadores y jamás cuestionaron esos mecanismos legales, pensados precisamente para evitar el abuso de funciones. Y que tienen que ser bien severos, puesto que ellos son los encargados de legislar. O sea que cualquier omisión en este sentido, es más grave aún que la que pudiera cometer un simple funcionario estatal. Un Enrique Erro que se cansó de denunciar corruptos entre ellos algunos ediles del propio FA, que ya por entonces pareciera ser, tenían ciertas inclinaciones reñidas con el discurso.


Qué cree Ud. Amigo lector pudiera pasarle, si como encargado de la parte económica de una empresa, le ocasiona pérdidas millonarias? Le organizarían desde la misma empresa una marcha de apoyo, en donde los trabajadores desocupados por quiebra vayan a aplaudirlo? Y si lo procesaran porque se constató delito, diría Ud. que no tiene nada que ver? Sin embargo en el Uruguay estas cosas están bien vistas y reciben el apoyo de gobernantes y correligionarios. Gritos y aplausos, marchas y caravanas. Un vice-presidente que pretende "recordar todos los días" a estos héroes, tal si se tratara de algún líder recientemente desaparecido físicamente. Y lo que es más triste aún, nadie se pregunta en voz alta porqué el mundo político necesita reglas de juego especiales, muy distintas a las del resto de los habitantes. Que el abuso de funciones da lugar a confusiones, es un fenómeno nuevo que se ha incorporado al quehacer político y que antes jamás fue obstáculo para gestión alguna, si es que ella se hacía como se debe hacer. Existen otros abusos de funciones de los que nadie habla y que son mucho más importantes. El abuso deliberado que se hace de las potestades, cuando se antepone la justicia de entrecasa al derecho internacional, contrariando todos los díctamenes en materia de delitos de lesa humanidad y declarando delitos comunes a delitos permanentes cometidos por el Estado.
En fin, como quiera que sea quien decida venir a vivir a "esta perla escondida en el Sur", debería preguntar primero que justicia le corresponde, por las dudas......



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