lunes, 6 de junio de 2016

Un avance marcha atrás

por Hugo Bruschi en el año de la Resistencia.

Una vez anunciado el ajuste fiscal, se dispararon las alarmas. Los que quedaban exonerados del aporte patriótico que salvará la economía, festejaban la decisión progresista que los exceptuaba. Todo un avance....."viste que sólo eran rumores de la derecha?", le comentaba un 10.000 pesos a un 12.000... Algo así como que después de haber sido amenazados de muerte, apenas nos torturaron.

Todo un logro. Pero la cosa no quedó ahí: En las redes sociales criticaban a quienes en Pocitos salieron a cacerolear o a hacer ruido con lo que tuvieron a mano. Todos los que ganaban más de 33.000 pesos perdían su derecho a la protesta. Tendrían que pagar calladitos la boca y así fue que de la noche a la mañana declararon millonarios a todos los habitantes de ese barrio. En Pocitos no hay laburantes, todo el mundo tiene sus 0 kilómetros y algunos tienen 2. Y conste que esto lo hicieron conocidos progresistas, que no admitían que alguien que gane más de 33.000 pesos, no pagara por los que no alcanzan a esa suma. De la canasta familiar nadie se acordó, aunque parece andar por los 60.000. O sea que un lugar de reclamar un ingreso digno, dieron rienda suelta al odio hacia quienes ganaban un poco más, aunque no llegaran a la famosa canasta. Emparejar para abajo es la consigna.
Luego el gobierno se vió obligado a exonerar también a los que ganaban más de 33.000, dejando a los de 50.000 para arriba con la patriótica responsabilidad de pagar. Y el PIT-CNT que había anunciado un paro de 24 horas, lo postergó teniendo en cuenta "los avances logrados". Un avance marcha atrás presentado como una conquista de magnitud.

Hay falta de seriedad o mejor dicho de respeto hacia la gente, pero de nada vale quejarse si el pueblo permanece indiferente. A tal extremo ha llegado la situación, que pensar en una reacción, resulta casi voluntarismo puro sin vínculo alguno con la realidad.

La indiferencia nos lleva a creer que estamos predicando en el desierto y la pregunta que surge clara es: hasta cuando podremos seguir responsabilizando al gobierno de sus actos, cuando la ciudadanía permanece callada? Los pequeños conflictos que se suceden todos los días, los estallidos sociales en algunos barrios, allí "donde el barro se subleva" o la desocupación galopante o el medio empleo, no alcanzan para cambiar de opinión. Las grandes mayorías, por la causa que fuere, están contentas y esperando la copa celeste. Tener a un pueblo alegre, carnavalero y creyente no es en definitiva la meta más deseada por los gobiernos de todo el mundo? Vistas así las cosas, no nos queda otro camino que felicitarlos. Tendremos gobierno progresista para rato y Marconis también.........




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