viernes, 8 de julio de 2016

Si se calla el cantor...

Debe trazar bien su melga quien se tenga por cantor
                              

porque sólo el impostor se acomoda en toda huella          
 
que elija una sola estrella quien quiera ser sembrador.
                                                                                                                                                    Atahualpa Yupanqui.

La guitarra y el canto de raíz folclórica, más tarde bautizado como Canto Popular, se remonta a los orígenes mismos de la Patria. Nunca faltó una guitarra que animara los fogones orientales. Los payadores fueron durante mucho tiempo, el punto más alto de las fiestas gauchas. Aún en nuestros tiempos, cómo olvidarnos de Don Carlos Molina!

El folclore argentino con Antonio Tormo, Los Chalchaleros, y un sin fin de solistas y conjuntos, tuvieron también mucha influencia de este lado del río. Incluso ya mucho antes, Gardel, Magaldi o Corsini, nos deleitaban con aquellos estilos, gatos y milongas. Fue sin duda Atahualpa Yupanqui quien le dió al canto otra dimensión, poniendo acento en el hombre y su entorno, sus dichas y sus penas. Penas que eran de ellos, mientras las vaquitas eran de otros. "La patria nuestra de los campos de ellos" como decía Peloduro en alguna de sus caricaturas. Y así poco a poco, fue naciendo otra forma de cantarle al paisaje que muchas veces escondía otra realidad, la de quien lo habitaba. "Si cantas al agua, al viento o la tierra, no olvides al hombre que sufre y pelea" nos decía W. Benavídez en la voz de Numa, para continuar "si el amor conmueve toditas tus venas, no olvides que hay alguien que te pide cuentas"..... Y este canto prendió hondo en la conciencia de toda una generación. Muchos fueron los intérpretes de esta nueva forma de cantarle a nuestras cosas, a nuestros ríos, a nuestras sierras, a nuestros pueblos antes olvidados por los gobiernos montevideanos. Incluso se decía "los de allá afuera", refiriéndose a la gente del Interior del País. Afuera de dónde?

Los poetas populares le hicieron saber al país y a su gente, que eran bien de adentro, de las entrañas mismas de la Patria que nunca radicó en Montevideo precisamente. W. Benavídez, Víctor Lima, Ruben Lena y muchos más, tuvieron la virtud de hacerle saber al Uruguay que no todo era color de rosa en las llamadas "afueras". Y aquellos poemas tuvieron voces y guitarras que los inmortalizaron, que nos hicieron ver lo que se escondía, que nos hablaron de otra patria y sus miserias. El revisionismo histórico y la reivindicación del anti-imperialismo, fueron ingredientes que nos llevaron a entender como los traidores nos habían estafado la historia, con sus relatos mentirosos. Resurge de entre las cenizas, la figura de Leandro Gómez y su decidido anti-imperialismo ante el poder invasor y la traición desde adentro. La figura de Aparicio Saravia y su lucha por los olvidados del campo, olvidados por gobiernos tal vez influenciados en Sarmiento quien consideraba atrasada a esa gente y un obstáculo para el desarrollo y las buenas costumbres venidas desde Europa.

El canto popular armado de esa rebeldía, de denuncia ante la injusticia y el olvido, se fue abriendo camino y formando conciencia en la generación que más tarde pagaría con su sangre o con cárcel, aquella convicción de que a la Patria habría que encontrarla como fuera, "con lo que tengas a mano" si fuera necesario. Y tampoco el Canto Popular fue ajeno a la lucha de otros pueblos por su liberación o en la construcción de la nueva Sociedad. Le cantamos a Cuba, a Vietnam, nos remontamos a la Guerra Civil Española y los poemas de Miguel Hernández convidaban al combate sin tregua. El obrero del arrozal y el cañero ya no se sintieron solos y olvidados, ya alguien relataba sus penurias. Lo mismo el Cantegril de entonces, personalizado en aquél muchacho de paso dolido apodado El Chueco Maciel. El mensaje prendió hondo, tan hondo que hasta hoy se le recuerda, sobretodo cuando vemos otros "chuecos" que salen a delinquir porque fue lo que aprendieron. Porque delincuentes no nacieron verdad?

Pero que ha pasado que esos "chuecos" y aquellos obreros ya no tienen quien les cante? Qué ha pasado con la lucha del Pueblo Palestino contra el invasor, armado de piedras contra tanques y balas, con piedras contra las topadoras que derrumban sus casas, para colonizar con gente invitada a vivir "en Israel", sin decirles que se trata de territorios usurpados?

Hay un cantor - que por suerte no es uruguayo - que viene muy seguido por aquí. Este cantor se trabajó muchos años el cartel de socialista, tiene muchos amigos en el Uruguay y curró muchos años con Antonio Machado y Miguel Hernández. Ahora fue a Israel a cantarle al Sionismo.

Tampoco los jubilados son motivo de indignación, para que alguien se inspire en una canción y se acuerde de ellos. Tampoco los asesinados en México tienen alguna canción que denuncie a ese gobierno genocida. Qué ha pasado, a qué se deben tantos renunciamientos? Será que la pobreza de ahora no es como la de antes, será que los cantegriles ya no son villas miseria sino zonas rojas, áreas del delito, territorio enemigo?

Yo se que mucha gente sensible aún se emociona escuchando canciones viejas. Canciones muy bien seleccionadas para no quedar en "orsay", pues de las otras mejor que la gente se olvide....serían la acusación a tantos silencios. También sé que hay gente susceptible que no acepta crítica alguna hacia estos artistas, "por todo lo que nos han dado" y porque ahora gobernamos los buenos y porque además, debe ser invento de la derecha. Yo sé también que vivimos una etapa de recuerdos, placas aquí, homenajes allá, actos recordatorios vacíos de contenido. Hablamos en pasado, mientras callamos el presente injusto y amargo para tanta gente. Pero no olvidemos que la injusticia denunciada ayer, sigue vigente y lo único que ha cambiado es el color más no su esencia, más nó las condiciones que la generan y que permanecen intactas. En fin....ya no nos llamaremos a asombro.
 
 Hace muchos años, un presidente brasileño ordenó pintar las favelas de color.......

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