viernes, 12 de diciembre de 2014

La mascota


por Hugo Bruschi en el Año de la Dignidad.

"Los milicos me adoran", dijo el Ministro de Defensa uruguayo, Sr. Fernández Huidobro, cual perrito abandonado que por fin encontró un hogar. Agradecido a la familia que le abrió las puertas, él salta a la falda de sus Amos y se convirtió en la mascota de la casa. Y hará todo lo que esté a su alcance, para no perder ese status, para merecer las simpatías, para hacerle saber a sus patrones que ya es parte de la familia. Final feliz para un cortometraje de Disney. Triste final para un guerrillero.
Muchas veces nos hemos preguntado, que se esconde, que misterios anidan en estos cambios de conducta, que fenómenos o mecanismos se ponen en práctica en la mente de una persona, que lo lleva a renegar de su pasado y lo convierte en traidor. La tortura es un método inventado para arrancar información y al mismo tiempo quebrar al torturado. No exiten los superhombres, pues el dolor tiene límites, cuando el instinto de preservación así lo requiere. Nadie que no haya pasado por estos sufrimientos, está moralmente habilitado para juzgar al hombre que habló. Siempre es saludable hacer estas precisiones, para aventar alguna duda y para que nadie intente mezclar la baraja.
La colaboración es otra cosa muy distinta. La colaboración con el que está torturando a los compañeros, no tiene otro nombre que traición. Y el traidor siempre será un ser despreciable y no merece el más mínimo respeto, porque su conducta jamás podrá tener atenuantes. Y la traición por lo general, siempre tiene 2 etapas. En la primera, el traidor lucha con su conciencia y se engaña al tratar de engañar, tratando de disfrazar su felonía, con "jugadas tácticas", con "acuerdos para una tregua que permita reagruparnos", con supuestas  "coincidencias" en tal o cual tema, con "sectores progresistas" en el seno del ejército, ejemplos 4 y 7., como una "forma inteligente de infiltrar al enemigo", bla, bla,bla. Luego se mueve enchastrando a todos aquellos que no creyeron en sus argumentos y juzgan su conducta. Y cuando nota que aún aquellos que callan por conveniencia, no lo acompañan en sus explicaciones, entonces cuando ya no puede convencer a nadie, cuando comienza a sospechar de todo el mundo, pasa a la segunda etapa. Y ahora sí, ya con la máscara caida y sin escrúpulos, se manifiesta tal cual es o quizás como siempre fue. Y en esa suerte de revancha, contra los que un día fueron sus compañeros, provoca y se ríe de quienes le critican. Basta observar sus declaraciones y sus cartas, para comprobar lo que afirmamos. Y cuando ya puesto nuevamente al servicio de la familia, no hay marcha atrás. Sólo caben esperar más agravios y descalificaciones contra los que reclaman Verdad y Castigo para quienes cometieron crímenes de lesa humanidad, y que él protege. Cuida esa casa, como el perrito abandonado que encontró su hogar y no quiere volver a las calles. La mascota defenderá su nuevo hogar con uñas y dientes y hará todo lo que esté a su alcance, para tener a la familia contenta y complacida de haberlo recibido.

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